Proserpina la primavera.


Proserpina


Proserpina la primavera

“Las suaves lluvias de abril han penetrado hasta lo más profundo de la sequía de marzo y empapado todos los vasos con la humedad suficiente para engendrar la flor; el delicado aliento de Céfiro ha avivado en los bosques y campos los tiernos retoños y el joven sol ha recorrido la mitad de su camino en el signo de Aries; las avecillas, que duermen toda la noche con los ojos abiertos, han comenzado a trinar, pues la Naturaleza les despierta los instintos. En esta época la gente siente el ansia de peregrinar, y los piadosos viajeros desean visitar tierras y distantes santuarios en países extranjeros…”Geoffrey Chaucer. S.XIV “Cuentos de Canterbury”

Era la primavera una época de júbilo donde los sentidos se despertaban del atolondrado invierno y comenzaba  el instinto de vivir. Ya desde el medievo existía esa costumbre anual de quitarse el sayo invernal y dejar fluir la sangre alterada por la primavera en borbotones de expresión cuajada de intenciones que se adentraban en esa aventura tan exquisita como es la vida.
Los griegos fueron los primeros en descubrir de dónde venía tanto encanto y  ese enigma, que a todos altera, lo explicaron con su relato mitológico de Proserpina. Mitad mito, mitad leyenda, la historia de la diosa de la primavera queda reflejada a golpe de palabras en muchas obras literarias pero lo cierto de ello reverbera en nosotros cada año de nuestra vida testimoniando que algo de esa leyenda es real. Al acercarse  a nosotros esa época estival algo o alguien nos cambia los olores y sabores del momento y la vida queda enganchada en un  glorioso amanecer a la naturaleza que no escatima en hermosura año tras año con la visita de Proserpina.
Y para la añoranza de la verdad en esa razón que duda al intentar entender lo que nos pasa realmente en la primavera, abría que dar  una justa explicación contando la historia: ¿Quién era Proserpina la romana o Perséfone la griega?
Era una joven y bella doncella cuya vida discurría placidamente al son de la naturaleza entre brotes tiernos y capullos en flor que adornaban el lago siciliano de Pergusa, donde ella habitaba con su séquito de ninfas. Su gozo había sido tejido por las Parcas como eterno,  pues había nacido de la diosa Ceres, madre de la tierra, y Jupiter, Dios de los dioses del Olimpo. Su vida discurría entre juegos y danzas recogiendo las flores con las que adornar su corona de diosa de la primavera y ante ella no existía nada que no fuera pura hermosura de la más auténtica, la belleza de la naturaleza. Pero tuvo la desgracia de ser raptada por su tío Pluton, el Hades griego o dios del inframundo, que  hechizado por Venus, se enamoro perdidamente de la diosa de la primavera y la hizo su esposa obligándola a vivir con él en su reino del inframundo.
Días y noches llenos de amargura derrochó su madre Ceres en intentos desesperados para dar con su paradero  y rescatarla. Impotente y desconsolada después de remover cielo y tierra buscando a su hija amada,  Ceres rogó a Júpiter clemencia para su desdicha. El Dios del Olimpo se apiado y acordó con Plutón la vuelta de Proserpina a la tierra madre pero ésta tan sólo podría permanecer en ella unos meses del año, el resto del año debería volver al lado de su esposo, al frío y oscuro inframundo. Es así cómo desde entonces cuando Proserpína sube a la tierra, la primavera florece de nuevo en los campos y ese halo misterioso de viva armonía en colores, olores y sentimientos a flor de piel invade nuestras vidas… es tan sólo  que Proserpina está con nosotros…